Apadrina el Órgano


Por todo lo dicho, el alma es lo que anima al cuerpo a vivir, esto es, lo vivifica. El espíritu es la misma alma por su naturaleza espiritual, pero también se dice espíritu porque insufla en el cuerpo. Alma y espíritu son lo mismo en el hombre, aunque uno se designe espíritu y otro alma.

El espíritu se dice de la substancia y alma de la vivificación. La esencia es la misma pero las propiedades son distintas. Pues uno e idéntico espíritu se dice espíritu para sí mismo y alma para el cuerpo. Es espíritu en cuanto es una sustancia racional por la razón anteriormente dicha: y es alma en cuanto da vida al cuerpo, por lo que se dice: “quien pierda su vida por mí, ése la salvará.” (Luc, IX,24); esto es, todo el que por Dios desprecie de buen grado esta vida que es temporal y mortal por la vivificación del cuerpo por el alma, en el futuro recibirá la misma vida del cuerpo no solo del alma sino la vida eterna e inmortal.

El alma humana puede llamarse indiferentemente alma y espíritu, porque tiene ser en el cuerpo y fuera de él: no son -como piensan algunos- dos almas, -sensual y racional-, una por la que el hombre vive, y otra por la que sabe, sino que una y la misma alma en sí misma vive por el intelecto y ofrece la vida al cuerpo por el sentido. El cuerpo humano no puede vivir ni nacer sin el alma racional; aunque vegeta y se mueve y crece y recibió forma humana en el útero antes que recibiera el alma racional. Del mismo modo que observamos que los matorrales y las hierbas se mueven y crecen sin alma. La vida del alma es doble; una por la que vive en la carne y otra por la que vive en Dios.

Puesto que en el hombre hay dos sentidos, uno interior y otro exterior, y ambos tienen su bien en lo que hacen. El sentido interior se ejercita por la contemplación de la divinidad y el sentido exterior por la contemplación de la humanidad. Por esta razón Dios se hizo hombre para que todo el hombre se gozara en Él, y toda la conversión del hombre fuese hacia él mismo, y todo el amor del hombre fuese en sí mismo, del mismo modo que por el sentido carnal se muestra la carne y por el sentido de la mente se muestra la contemplación de la divinidad.

(Alcher de Clarvaux. LIBRO DEL ESPÍRITU Y DEL ALMA cap. 9 PL. XL)


23/02/2017 09:00:00