El Papa afirma en Evangelii Gaudium que "La nueva Jerusalén, la Ciudad Santa (cf. Ap 21,2-4), es el destino hacia donde peregrina toda la humanidad. Es llamativo que la revelación nos diga que la plenitud de la humanidad y de la historia se realiza en una ciudad." (n.71)

Permítanme recordar que fue la misma Virgen quien, el 2 de agosto de 1218 quiso manifestarse a una ciudad que nacía entonces: Barcelona. Y que la ha estado acompañando constantemente. El 25 de septiembre de 1687 el Consejo de Ciento proclamó a la Virgen de la Merced patrona de la ciudad.

Como dice el Papa: "Con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María. Ella reunía los discípulos para invocarlo (Hch 1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo por Pentecostés." (n. 284)

"En la cruz, cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de la Madre y del amigo. En este crucial instante, antes de dar por consumada la obra que el Padre le había encargado, Jesús dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después dijo al amigo amado: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,26-27). Estas palabras de Jesús al borde de la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre, sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Jesús nos dejaba a su madre como madre nuestra. Sólo después de hacer esto Jesús pudo sentir que "todo se ha cumplido" (Jn 19,29). Al pie de la cruz, en la hora suprema de la nueva creación, Cristo nos lleva a María.” (n.285)



Que Cristo nos lleva a María lo vivieron de una forma especial los santos y santas que vinieron al camarín de la Virgen a encomendarse ellos y la labor que llevaban a cabo: San Juan Bosco, San Josemaría Escrivá, y hombres y mujeres de Dios que encontraron en este santuario lo que siempre hace María: "...transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura.” (n.286)

"Ella es la esclavita del Padre que se estremece en la alabanza. Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. A través de las distintas advocaciones marianas, ligadas generalmente a los santuarios, comparte las historias de cada pueblo que ha recibido el Evangelio, y entra a formar parte de su identidad histórica. Muchos padres cristianos piden el Bautismo para sus hijos en un santuario mariano, con lo que manifiestan la fe en la acción maternal de María que engendra nuevos hijos para Dios. Es allí, en los santuarios, donde puede percibirse como María reúne a su alrededor a los hijos que peregrinan con mucho esfuerzo para mirarla y dejarse mirar por ella. Allí encuentran la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida. Como a san Juan Diego, María les da la caricia de su consuelo maternal y les dice al oído: « No se turbe tu corazón. [...] ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?». (n.286)
 
Aquí también encontrará que la oficina del peregrino ofrece diferentes opciones de visita a la Basílica y de aproximación a su historia. Pero que nunca nos referimos a los "turistas que visitan la Basílica", sino a "peregrinos" que, vengan de donde vengan -de la ciudad de Barcelona, desde América o de cualquier lugar del mundo- ¡son peregrinos que llegan a casa de la madre! También nosotros descubrimos con los ojos del corazón, después de ver tanta belleza acumulada por nuestra historia, el tesoro más preciado que tenemos: nuestra Madre que nos repite: "¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?"